Como supongo que sabeís, soy un eterno estudiante de I. T. en Informática de Sistemas. Desde hace unos años, algunas de las asignaturas que curso han realizado “pruebas piloto” para adaptarse al inminente cambio en las Universidades Españolas: Bolonia.La cuestión está en que ahora se prima el trabajo diario, los examenes parciales y los trabajos. Por definirlo de alguna manera es la aplicación de la evaluación continua al esquema de trabajo de las Universidades.
El pasado miercoles bajé a clase igual que todas las semanas (ahora la asistencia es obligatoria). Tras nuestras dos horas de clase correspondinetes a Algoritmos y Estructuras de Datos, presencie una conversación entre dos compañeros que vienen a ilustrar un poco la situación de los estudiantes ante este nuevo sistema.
Un compañero defendía que la aplicación del plan de Bolonia era una idea excelente puesto que acercaba la empresas a los universitarios, de tal forma que al acabar de cursar un título, el alumno mantenia ya una relación conocida con el mercado laborar, con sus expectativas y sus capacidades de puesta en práctica de lo aprendido. De igual forma, alagaba a la Universidad de Murcia por contar ya con varios planes de estudios aprobados para su implantación y que era un privilegio que algunas facultades de la misma (como por ejemplo, Informática) ya lo fueran a implantar el próximo curso.
Paco, que es un poco más duro en su pensar, reprochaba que el acercamiento de los estudiantes a las empresas era un clon del sistema de formación profesional, donde muchas empresas pasan a base de alumnos en prácticas como excusa para no contratar personal, y que en la mayoría de los casos, esas prácitcas nunca se concretaban en un puesto de trabajo una vez finalizadas las mismas. Además, el nuevo sistema de formación de Bolonia hacía casi imposible la posibilidad de trabajar y estudiar a la vez, puesto que ahora la asistencia a clase era controlada y primada, por lo que disimuladamente desaparecía esa posiblidad. Por otro lado, se quejaba amargamente de que ha sido una decisión tomada independientemente de los alumnos, que nadie había oido hablar de Bolonia hasta que fue una medida aprobada, que en ningún momento se le había pedido opinion a los alumnos para la creación de los nuevos planes, y que ahora, cuando todo está tejido y entretejido, se apuran en ofrecer charlas a los alumnos para que nos les asuste el cambio.
Yo en ese momento me dí cuenta de un cosa: no tengo ni idea de lo que es Bolonía, de los cambios que va a implantar, de las “supuestas” mejoras, de los “manifestados” efectos negativos del mismo, y que, a lo largo de los siete años que llevo en la Universidad nadie me había comentado nada al respecto, y que lo único que conocia era lo manifestado por Norberto, mi profesor de AED, y lo escuchado en televisión a través de las manifestaciones de alumnos tales como en Barcelona, Valencia o en cualuier rincón de España.
Supongo que el malestar de cientos de miles de alumnos de las Universidades Españolas en contra del plan tienen un sentir común: nadie ha contado con ellos ya no para tomar la decisión, sino para consultarles sobre la implantación de los nuevos planes de estudios. O eso es lo que pienso.